sábado, 2 de abril de 2016

Errores en la entrevista de trabajo que nadie reconoce haber cometido

Aspectos a los que debemos prestar atención cuando nos enfrentamos a una entrevista:
1.   Mostrarse prepotente: Esto es algo que puede hacerse incluso inconscientemente a través del lenguaje no verbal, cuando adopto una postura ante quien me entrevista que denota una actitud soberbia, o a través de la comunicación verbal, como por ejemplo:
  • ¿Podría hablarme sobre alguno de sus puntos débiles?
  • Pues… Ahora mismo no me doy cuenta de ninguno.
          Aprovecho para insistir aquí en la importancia del autoanálisis, fundamental desde la definición del objetivo profesional hasta la superación de un proceso de selección. Y con respecto a                   nuestros puntos débiles recordad siempre elegir aquellos que no interfieran de forma irrevocable en el desempeño de nuestro futuro trabajo y evitad quedaros con aquellos adjetivos que constituyen el “top 5 de la reformulación positiva”, y que acaban pareciendo tópicos.
​        2. Dar dos besos en lugar de estrechar la mano: Sin entrar a debatir sobre si la iniciativa del saludo debe quedar en manos del entrevistador o del entrevistado, sí me parece fundamental que el candidato recuerde que se haya en un contexto formal, en el que el “protocolo” establece el estrecharse la mano como forma de saludo correcta y profesional.
​        3. Inclinarse cual Torre de Pisa para tratar de averiguar lo que la persona que realiza la entrevista está escribiendo: Creo que es una de las cosas que más candidatos han hecho en las entrevistas en las que he participado, y también apostaría que es una de las que más negarían. Incluso cuando alguien reconoce hacerlo te dice: “pero lo hago sin que se den cuenta”. ¿Cómo? ¿Haciéndote invisible? Si precisamente uno de los aspectos a los que permanente le están prestando atención es a tu lenguaje no verbal.
Consejo: Sé consciente de lo que dices pero también de los que tu cuerpo dice por ti. Y ten en cuenta  que si estoy tomando notas será porque has dicho algo que me interesa recordar o comprobar. Si acabases de meter la pata, no necesitaría anotarlo, simplemente te dejaría fuera del proceso.
       4. Mordisquear el lápiz que hay sobre la mesa de la persona que lleva a cabo el proceso de selección: cierto es, que al extremo de mordisquear mi lápiz sólo ha llegado un candidato en toda mi vida profesional, pero son muchos y muchas los que han jugueteado con algún objeto de la mesa. Es importante hacer hincapié que si bien contamos con que el candidato pueda manifestar un cierto nerviosismo, este no debe superar nuestra capacidad de autocontrol.
​       5. “Saltar en la silla”: Relacionado con el anterior punto. Esto les sucede a aquellas personas que “queman” los nervios haciendo rebotar la punta del pie contra el suelo. Transfiriendo sin querer ese movimiento a todo su cuerpo y mostrando a gritos el estado de nerviosismo del candidato o candidata.
       6. Solicitar un puesto de trabajo “a medida”:
  • ¿Tiene disponibilidad horaria?
  • Si, puedo venir los lunes y miércoles por la mañana pero no más de 5 horas y los martes y jueves por las tardes, aunque no antes de las 4…
Si tengo alguna limitación o preferencia horaria sería interesante manifestarlo en el curriculum o en el formulario. De no haberlo hecho, deberemos escuchar la propuesta de la empresa y aceptarla o rechazarla en su caso. Y siempre siendo conscientes de cuál es la jornada y el horario habitual del puesto o sector al que aspiramos.
        7. Bañarse en perfume: Habitualmente, al menos en mi caso, las entrevistas transcurren en despachos pequeños en los que un olor penetrante produce un profundo malestar que impide centrar la atención en lo que el candidato está diciendo. Más allá de la anécdota del perfume mareante quedémonos con que debemos evitar cualquier elemento que distraiga la atención del seleccionador, es decir, nada de excesos, ni de elementos llamativos sea ropa, peinado, maquillaje, complementos… Ojo, porque otra cosa muy distinta es que yo elija llevar un complemento, como pueda ser una corbata o un pañuelo, en un color llamativo por ser este un elemento corporativo de la empresa
​        8. Fijar la vista en un punto: Algo en lo que insistimos cuando damos consejos sobre qué se debe hacer en una entrevista es en mantener contacto visual, a lo que solemos seguir con la indicación de que en un momento dado, podamos fijar la vista en un punto próximo a los ojos para “descansar”. El problema viene cuando nos quedamos en ese punto fijo y no volvemos a mirar a los ojos a la persona que nos entrevista.
​       9. Tratar al entrevistador/a como si fuera de la familia: Esto pasa sobre todo cuando el candidato se encuentra frente a un seleccionador con una edad próxima a la suya, y que se muestra cordial, afable, sonriente… Entonces, el candidato se siente a gusto y se olvida de que está en un proceso de selección, baja la guardia y con casi toda certeza, comete algún error.
     10. Criticar al anterior jefe/a: No te conozco, no sé si eres una persona que dice las cosas como son o que no asume sus responsabilidades y siempre echa la culpa al otro. No sé si el malo de la película que me acabas de contar es realmente tu jefe o eres tú que estás echando balones fuera. Evita criticar a tus anteriores jefes y si debes hacerlo que sea desde un punto de vista constructivo. Sustituyamos cosas como “era un impresentable, un tirano, un irresponsable….” Por “le costaba delegar tareas, no se comunicaba bien con el equipo…”
La entrevista es la reina de los procesos de selección. Es la única que siempre va a estar ahí,  independiente del puesto, del presupuesto con el que se cuente para llevar a cabo el proceso, del tamaño de la empresa de si cuenta con departamento de recursos humanos o no… Por tanto, invirtamos tiempo en prepararla y demos un paso más hacia la consecución de un empleo.



Fuente (artículo completo): Carmen Robledo

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