domingo, 3 de noviembre de 2019

Sociedad del Conocimiento

En una economía transformada en un sistema de producción flexible y basado en el conocimiento, la implicación de las personas en la formación y orientación a lo largo de la vida se convierte en más importante y compleja que en el pasado. Por ello, en este contexto laboral más inestable, flexible y caracterizado por la precariedad laboral, la función inversora de las personas en formación y orientación profesional es más necesaria. 

El sistema productivo requiere hoy de personas con capacitaciones profesionales más complejas, mayor adaptabilidad y capacidades con componentes de saber crecientes



Las velocidades de las necesidades productivas son bastante mayores que las de la programación académica. Las TIC y la rápida transformación del entorno exige a la formación ser el instrumento estratégico que puede facilitar la adaptación de las personas a esta nueva situación.


La formación profesional tiene que dar respuesta a la capacidad de aprendizaje teniendo en cuenta las nuevas tecnologías, la adaptabilidad y movilidad y el mejor desarrollo de las competencias articulando formación y experiencia, no sustituyendo una por otra.

Una asignatura pendiente en la programación de formación y orientación profesional es la caracterización del factor humano como elemento estratégico de las organizaciones y superar el antiguo modelo taylorista caracterizado por la rigidez de estructuras cerradas e inmóviles.

Se habla de la adquisición de saberes (saber ser, estar y hacer) y surge uno nuevo: El saber a desaprender, cuestión que afecta mucho más en las profesiones emergentes. De este modo, aparece el nuevo aprendizaje: Aprender a desaprender. La vida laboral para que pueda desarrollarse sin incertidumbres, precisa ser realimentada constantemente con nuevos conocimientos.

En este sentido, el aprendizaje se convierte en un elemento de vital importancia en la sociedad del conocimiento. Si hoy la formación adquiere un nuevo significado es a causa de los rápidos procesos de cambio que afectan de manera generalizada a las sociedades desarrolladas. La adaptación de la población a estos cambios se convierte en una nueva necesidad social de primer orden.



En torno a la comunidad del aprendizaje, hay un consenso entre los actores sociales sobre el papel de la formación y la orientación profesional como uno de los elementos clave que puede facilitar la adaptación de las personas en la transformación de su entorno.

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