domingo, 9 de febrero de 2014

Contexto socio laboral cambiante





Canarias se encuentra entre las tres regiones con más paro del país por debajo de Andalucía y Extremadura. El desempleo en Canarias repercute en todas las edades y en mayor medida en mujeres y juventud.

Aunque hay un leve crecimiento del empleo, éste es de escasa calidad, con empleos temporales, a tiempo parcial y de bajos salarios. Si los salarios mejoran, la economía podrá crecer. El empleo mantiene una importante tasa de crecimiento a costa de mayor precariedad. Por otro lado, en Canarias la pobreza se manifiesta, incluso, en la población trabajadora debido a los bajos salarios. Si bien es verdad que los niveles de pobreza han caído con la recuperación, éstos siguen siendo muy elevados.


Además, el trabajo se sitúa en un entorno laboral flexible que se caracteriza por una creciente inestabilidad en la ocupación donde las personas modifican las situaciones laborales más frecuentemente que en el pasado y con los cambios a menudo hay que adquirir nuevas competencias profesionales y, por lo tanto, más educación y formación.

En el panorama actual, se hace necesario incluir una educación y formación profesional que posibilite la re-cualificación de las personas a los distintos campos profesionales y una orientación para que el individuo pueda elegir entre aquellos itinerarios de aprendizaje que permitan adaptar sus competencias personales y profesionales a las exigencias de los distintos puestos de trabajo.


COMPOSICIÓN DEL EMPLEO CREADO POR NIVELES DE ESTUDIOS

Cada vez más, la sociedad y los mercados laborales son conducidos por cambios derivados de la introducción de nuevas tecnologías. Estos cambios afectan a los procesos de producción, a los mercados laborales (demandando una mayor cualificación de la mano de obra) y al comportamiento de los consumidores. Este hecho ha producido más precariedad laboral, mayor inseguridad y una redistribución salarial caracterizada por el aumento de la nómina en aquellos puestos de trabajo de mayor cualificación y una reducción salarial de aquellos puestos de bajo nivel (Polarización salarial).


Dentro de este marco económico mundial y globalizado, habrá de conducir a mayores cuotas de bienestar social, pero para ello, es necesario que exista una óptima adecuación y transparencia de los sistemas de Formación Profesional, Cualificación y Ocupaciones en la sociedad productiva.

La persona, ante los peligros de deslocalización, traslado a puestos de menor remuneración o la amenaza de paro, únicamente, ve peligrar su vida. La población trabajadora de hoy, como el de ayer, tiene miedo, y lo tiene ante el despido. Esto tiende a crear situaciones de individualismo, de ausencia de apoyo comunitario y de desvinculación del grupo. El trabajador ya no cuenta con una visión a largo plazo de su permanencia en la empresa ni con un futuro estable. Se trata de mitos que se derrumban poco a poco, pero que si eran vigentes en los países industrializados hasta hace pocos años, hoy han dejado de serlo. La inestabilidad parece regir el presente. La incertidumbre parece ser la única certidumbre. Encima, no nos enseñaron que el mundo iba a cambiar y que sólo las especies que mejor se adaptan, son capaces de sobrevivir.

Y en todo este escenario, el impacto de la crisis ha ocasionado un gran daño en las personas.

Vivimos en una sociedad centrada en lo inmediato sin traslado de valores sólidos a nuestros hijos, con la familia envuelta en esa atmósfera de demolición, de cambio vertiginoso, de brevedad en las relaciones sociales, la imposibilidad de encontrar tiempo con uno mismo y para la familia, poco contacto entre padres e hijos, de no compromiso, de superficialidad en las relaciones sociales y, ésta, se encuentra confusa.

Antes, el trabajador/a disfrutaba de una seguridad y estabilidad laboral hasta la llegada de su jubilación, hoy, a la población trabajadora se le exige un comportamiento ágil, dispuesto a cambiar continuamente de tarea, con imposibilidad de un trabajo seguro y estable, en muchos casos, imperando una debilidad de valores (lealtad, fidelidad, carga emotiva, honorabilidad) que provoca una confusión de sentimientos y un conflicto interior en la persona.

Ante los problemas a que se enfrentan los jóvenes, éstos sienten una frustración ante su proceso de formación, las barreras y dificultades existentes en la formación, el subempleo que están sujetos a coexistir durante una estancia inicial bastante prolongada y la imposibilidad de promoción para aquellas personas con baja cualificación.

Con el boom inmobiliario, miles de jóvenes isleños abandonaron las aulas para trabajar en la construcción sin necesidad de formación previa. Lo mismo sucedió en décadas anteriores con el boom turístico de los ochentas dónde nuestros jóvenes abandonaban las aulas para trabajar en el hotel. Todas estas circunstancias han desvalorizado la formación ya que no era necesario estudiar para trabajar y tener un sueldo.

(Población por nivel de estudios 2016). Fuente Eurostat

CEDEFOP en su perspectiva de futuro señala el incremento de las ofertas de empleo para trabajos cualificados, de ahí la importancia de los estudios en la población para acceder al empleo. 


El paro juvenil en Canarias, pese a llevar largo tiempo diagnosticado, expuesto y en constante debate público, sigue sin tener un tratamiento con expectativas de éxito. Además, los jóvenes son los máximos perjudicados por la flexibilidad y la desregulación laboral, que provoca trabajo precario y bajos salarios, situaciones ante las que cabe plantearse medidas urgentes.

La crisis ha aumentado el número de jóvenes que viven con sus padres pasando del 11% al 20% entre 2005 a 2015 según el informe publicado por el Observatorio Social de La Caixa. Y no sólo crisis económicas y familiares, también emocionales y personales.

En España, hay tres datos sobre la situación de nuestro mercado de trabajo que nos hace especialmente sensibles a la hora de hablar de la formación profesional como medida de inserción, y más aún después de los recursos invertidos en formación para la población desempleada y ocupada. Tenemos la tasa de actividad, de paro y de temporalidad con los peores datos de la Unión Europea.

En las relaciones laborales, la precariedad del mercado de trabajo es tal que, al desconocimiento de los derechos de los mismos, se tiene que añadir el miedo a reclamarlos, aunque se conozcan. La actitud pasiva de buena parte de las personas trabajadoras en la lucha por mejorar las condiciones de ocupación es reflejo de un contexto social que penaliza la participación.

Además, me gustaría destacar que la temporalidad es perjudicial porque genera inestabilidad sociolaboral, causa siniestralidad laboral, pesimismo, falta de motivación, infravaloración, falta de ilusión por el trabajo, acoso moral, etc. La contratación indefinida, tal como está regulada en la actualidad, no garantiza una seguridad a causa de los bajos costes de indemnización por despido.

Y aunque se han dado pasos, estos no son suficientes en la conciliación de la vida laboral y familiar. Es escasa el reflejo de esta normativa en los convenios colectivos. Conciliar no sólo depende de la introducción de articulados concretos en los convenios que recojan exclusivamente la referencia a la ley, sino que también requiere tenerlos en cuenta en todos los aspectos del convenio (contratación, jornada, permisos, salud laboral...). La maternidad continúa afectando a la promoción profesional de las mujeres y las sitúa, en muchas ocasiones, al margen del mercado de trabajo.

Por otro lado, el desempleo de larga duración no sólo es causa de exclusión en términos socioeconómicos, sino que, además, acostumbra a acompañarse de una serie de efectos psicosociales especialmente negativos que acaban influyendo en la obtención de una nueva ocupación. El sentimiento de impotencia, de culpabilidad o la baja autoestima junto con la pérdida de la experiencia profesional requerida y la inadecuada formación específica conducen, en ocasiones, a la desmotivación para encontrar una nueva ocupación (inactivos) o a aceptar las infracondiciones laborales que ofrece el mercado de trabajo (economía sumergida). Y ante este escenario, se tiene que procurar que la formación sirva antes como un instrumento de reciclaje formativo adaptado en el mundo laboral que no como un mecanismo de ocupación, entretenimiento y control del desocupado.

Actividad en el aula: Separar en grupos de 3 a la clase y solicitar un mapa mental que refleje los datos trabajados en esta unidad.


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