lunes, 3 de febrero de 2014

La solución de conflictos

La forma más sencilla de negociar situaciones conflictivas en la práctica empresarial normal es atender las quejas.

El primer principio si estamos en la parte pasiva es desactivar la tensión del otro

Escuchemos todas sus quejas, invitemos a que lo cuenten todo. Si después de contarlo aún se encuentran en un estado de tensión, hagamos que lo cuenten con cordura y tranquilidad dejando que la persona se desahogue. No hagamos nada que la moleste más, como discutir con ella.
Guía para tratar los conflictos
  1. Reunamos toda la información. Procuremos que nuestros empleados hagan declaraciones formales de lo que ha sucedido y que las firmen. Evaluemos nuestros costes y los del contrario. Calculemos lo que podemos perder en el conflicto y lo que puede perder el contrario.
  2. Calculemos nuestro poder de negociación. Si estamos en posición débil, tendremos que hacer algo para aumentar nuestro poder antes de comenzar la negociación.
  3. Presentemos nuestro argumento a la otra parte de manera escueta y motivada, sin enseñar todas nuestras cartas. Si estamos en posición fuerte, distanciémonos del contrario. Si su posición es débil, habremos de buscar una aproximación. Veámosle personalmente sin amenazarle.
  4. Mantengamos las ideas claras. Tengamos sangre fría y no la perdamos ni siquiera ante una fuerte presión acompañada de ataques personales contra nosotros. Respondamos con calma y precaución, incluso cuando los argumentos del contrario sean totalmente injustificados.
Otras soluciones
La vieja táctica de amenazar con llevar a la otra parte a los tribunales pocas veces se emplea bien.
La mayor parte de las veces es una forma de desembarazarse de una disputa molesta y ponerla en manos de un abogado. La mayor parte de los conflictos que se pasan a los abogados se solucionan fuera de los tribunales.
He aquí una guía para tratar conflictos jurídicos. En primer lugar, debemos conocer la ley para discutir nuestros derechos.
En segundo lugar, no debemos comprometernos a nada por escrito con la otra parte.
Consolidemos la fuerza de nuestra posición. Mostremos nuestro poder para intimidar al contrario, pero manteniéndonos estrictamente dentro de la ley, de lo contrario nos pillará en falta, y nos derrotará en el juicio.
Debemos proponer un trato que sea difícil de rechazar. No debemos enseñar nuestro juego. Si nos vemos en la necesidad de acudir a un abogado, procuremos que sea un especialista en el tipo de asuntos de que se trate.
La mayor parte de los abogados son buenos, pero el que necesitamos debe ser un ganador.

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