jueves, 31 de octubre de 2019

8 ayudas para entrenar una actitud optimista ante las adversidades


Hoy en día parece que llevamos muy mal la relación con las adversidades, con los problemas.
Hace 100 o 200 años la gente estaba más indefensa y la relación con el dolor y la muerte era más clara, puede que por eso había una mejor disposición a aceptar lo que la vida nos trae.
No es resignación. Es reconocer que hay fuerzas por encima de nuestros deseos. Contrariamente a lo que se dice, aceptar incluye una tarea muy activa. Enfrentar la realidad para lograr integrarla. A veces no es inmediata.
Un amigo perdió un trabajo muy importante en una gran empresa. Podía haberse amargado para el resto de su vida pero lo que hizo fue aceptar. Darse cuenta de que realmente no disfrutaba con ese trabajo desde hacía tiempo y que se habrían nuevos caminos y una libertad de la que carecía. “La vida da golpetazos para enderezarnos”.
Las actitudes se pueden aprender y entrenar para construir bienestar y mejorar nuestra convivencia. Veamos 8 ayudas para entrenar una actitud optimista ante las adversidades.

1. Reflexión
Pregúntate: ¿Cómo puedo resolver esta situación? ¿Es realmente importante lo que me preocupa? Reflexiona sobre tu problema y busca la mejor salida para encontrar soluciones. Con una actitud positiva, los problemas se vuelven retos, los obstáculos enseñanzas y las penas, parte de la vida.
Fíjate en las señales que te da la vida, que sin querer te van acercando a tu destino. Reflexiona y mira en tu interior porque muchas veces, lo que realmente te hace falta ya está dentro de ti. Aprende de cada situación y mírala como oportunidad para probar tu fortaleza y habilidades.

2. Concéntrate en pensamientos que suman
Confía en tus posibilidades y transforma ese problema en una oportunidad. En nuestro día a día, práctica una actitud integradora que facilite la convivencia y asume un enfoque más favorable sobre el comportamiento de las personas que te rodean. Todos tenemos magia para hacer de nuestros sueños realidad y de atraer lo que eres y piensas. Está en ti, cambiar lo que quieres cambiar.
Los momentos difíciles siempre pasan.
Tenemos el hábito de suponer como los demás piensan, sienten y actúan. Y lo peor es que reaccionamos emocionalmente a esta idea porque pensamos que es cierta.
3. Acepta, asume y aprende de la situación.

Lo que es, es. A veces, la vida nos golpea y caemos al suelo. Hay que aprender a levantarse y enfrentarse a la adversidad para superarla. Esta situación adversa te desafía para sacar lo mejor de ti. Puede resultar difícil convivir con personas que aplican actitudes tóxicas. Respétate y no lo permitas.  La clave está siempre en salvaguardar nuestra actitud. Hay personas a las que es mejor abrir tu puerta para que salga de tu vida. No dejes que nadie camine por tu mente con sus pies sucios. Si no te gusta algo, cámbialo; si no lo puedes cambiar, cambia la forma en que piensas sobre ello. Si tu cambias, todo cambia. Cambia tus pensamientos y cambias tu mundo.
El talento se forja en la calma y el carácter en la tempestad.

4. Céntrate en lo que te hace sentir bien.
Cuando pensamos en positivo nos sentimos más capaces de resolver problemas. Hay que sortear los obstáculos en el camino, aceptando la realidad y centrándonos en lo que te permitirá cambiar tu situación. De todas las cosas que llevas puestas, tu actitud es lo más importante. Intenta hacer algo que te motive y con lo que disfrutes. Entrena tu autoconfianza para sentirte protagonista de tu vida y responsable último de tu felicidad.
La actitud lo es todo en la vida. Es un 10% lo que te pasa y un 90% el cómo reaccionas. Ser grande no es una cuestión de tamaño sino de actitud.

5. Enfócate
en una cosa cada vez y no trates de hacer miles de cosas al mismo tiempo.
Concéntrate en lo que te impulsa porque donde pones la atención, la vida te sigue.
No pongas tu foco en lo que te frena y aplica una visión más positiva sobre el futuro y por aquello que está por acontecer. Intenta confiar en ti y en lo que el mañana pueda ofrecerte.
La felicidad es la actitud con la que se viaja por la vida. Vayas a donde vayas, lleva siempre tu propia luz.

6. Rodéate de buenos recuerdos
Coloca frases motivacionales y fotos de tus seres queridos por todas partes, en las paredes, en tu escritorio. Rodéate de cosas que te traigan a la mente momentos agradables. Así, activas la dopamina, nuestra hormona del placer y la motivación. Mímate, hoy permitiéndome una licencia y disfrutando de un helado de turrón. Que rico.

7. Perdona tus fracasos. O mejor: ¡celébrelos! por el aprendizaje recibido.
No te califiques por los resultados, sino por el esfuerzo y por saber que lo has dado todo.

8. Alimenta tu sistema inmunológico. No te olvides del deporte, de una alimentación saludable y de dormir las horas necesarias para reparar tu organismo. Practica la relajación centrando la mente en tu respiración y repite las palabras mágicas de Lo siento. Perdón. Gracias. Te amo.
Ahora toma las riendas de tu vida y ¡a por ello!  

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